Repaso de los animes del 2018

Un año más el ciclo sin fin de los animes de temporada llega a su final, cerrándose el año con una temporada de otoño algo normalita. ¡Pero no nos adelantemos! Esta vez no haré un top, sino un repaso a lo largo de las temporadas para ver qué nos ha dejado de bueno (o malo) cada una, qué es lo que más he disfrutado y qué dibujito animado creo que merece más atención. Además, intentaré ir recomendando animes de años pasados que puedan parecerse a series de este.

Como suele ser usual, la temporada de invierno fue una vez más la mejor de todas, aunque no precisamente por sus títulos más esperados como sería Devilman Crybaby. Viniendo de la mano de un director como Masaaki Yuasa y adaptando un manga clásico de Go Nagai, de esta combinación servida como remate por Netflix se esperaba una absoluta maravilla. Muy lejos de ser algo flojo o malo, simplemente, no quedó a la altura de la carrera que precedía al director. El apartado artístico –usualmente explosivo, distinto, atractivo o, al menos, diferente– se sentía en general mucho más corriente de lo que uno podría esperar, y los momentos brillantes se reducían a eso, pequeños momentos brillantes. Sigue siendo de lo más destacable del año, pero antes recomendaría la película del 2017 The Night is Short Walk on Girl. Respecto al otro anime esperado de la temporada tendríamos a la diana de críticas llamada Darling in the FranXX, el primer estreno del año de Trigger y al que podríamos considerar su primer gran fracaso. No hacer falta hacer mucha más saña con ella, fue mala, recordada solo por ello y al menos en la temporada de otoño el estudio se redimió un poco con SSSS.Gridman. Desde luego, después de algo como Little Witch Academia, un desastre como Darling no era lo que uno esperaba.

Después de mencionar a Darling limpiemos un poco este texto mencionando los que han sido para mí los dos grandes que nos ha dejado el 2018: Pop Team Epic y Yuru Camp, ambos de la temporada de arranque del año. Del primero ya hice una entrada hablando sobre su humor, y sólo decir que fue una buena comedia (aunque algo irregular), pero con una originalidad y atrevimiento a la hora de presentarlo todo digno de recordarse. Respecto a comedias de años pasados sí tendríamos algunos animes más convencionales en su apartado artístico como Mahoujin Guru Guru o Konosuba, pero que sí fueron más consistentes en su comedia. Por otro lado tendríamos al que fue un estupendisisimo slice of life que encandiló con sus personajes, tranquilidad y aventuras de acampada. No es un tipo de serie para todo el mundo, pero para el que los disfrutamos fue un título bastante potente, completo y del que se espera ya la segunda temporada con muchas ganas. Otros años en la línea de animes de este tipo tuvimos a Girls Last Tour, que con sus grandes diferencias y desde luego con mayores aspiraciones que la cotidiana Yuru Camp, sí tendría ese carácter de buscar la tranquilidad y paz. ¡Muy recomendable! Otros ya sí mucho más parecidos serían Amanchu o Yama no Susume.

Acabando la temporada de invierno con otro excelente anime tendríamos a Koi wa Ameagari no You ni, o Amor es cuando cesa la lluvia. Drama y romance muy bien llevados y con una destacable belleza visual. Otra de las recomendables del año, delicada, con un desarrollo satisfactorio y también dentro del abanico costumbrista en el que meteríamos a Yuru Camp pero con los puntos más atrayentes ya mencionados para los que les aburra la mera mundanidad. Si buscáis algo parecido en años anteriores más allá de Showa Genroku Rakugo Shinjuu no puedo recomendar. Conserva ese drama personal y algo de romance, pero se aleja del preciosismo visual y tiene su punto histórico y con personajes más maduros.

Llegamos a la temporada de primavera después de un invierno de extenuante calidad. Lo tenía difícil para estar a la altura de lo visto y, por desgracia, no lo estuvo. Como estrenos esperados tuvimos a Megalo Box, con una sólida estética con aires nostálgicos y homenajes que igualmente nos devolvían a unos setenta con un lavado de cara. Por desgracia, no logró impactar lo que esperábamos que hiciese desinflándose con una historia y personajes que no acabaron de estar al nivel de lo que prometía. Para mí, una de las decepciones del año. Por otro lado tendríamos a Hisone to Masotan, que sin ser una serie excelente y que tuvo sus problemas, fue fácilmente de lo mejor de la temporada. Sí tuvo sus buenos personajes y una animación y apartado visual muy consistentes, pero la historia no acabó de hacerme el peso al verla desaprovechada y la introducción del romance no le hizo ningún bien.

Acabando con la escuálida temporada de primavera debo mencionar Wotakoi, la comedia romántica de otakus adultos. Sencillita pero simpática, una pena que su apartado visual no le hiciese demasiada justicia al contenido. Gamers! fue otra comedia romántica de otakus del 2017 que tampoco era visualmente espectacular, pero sí tenía sus momentos y se puede relacionar fácilmente con Wotakoi. Es su versión en adolescentes con muchos enredos, mejor comedia y algo más banal que su pareja madura.

Si la primavera fue algo escuálida el verano fue más minúsculo e inapreciable que una célula. Porque exacto, el único anime que merece una mención de toda la temporada de verano fue Hataraku Saibou, la serie episódica sobre las simpáticas, monísimas o sádicas células que hacen funcionar nuestro cuerpo. Nada brillante o con grandes aspiraciones, visto el primer episodio vista la estructura de toda la serie. Pero funcionaba, o al menos lo hizo durante una temporada. Se hizo agradable y llevadera de ver pese a lo repetitivo de todo ella, pues ver cómo sería cada nueva célula de la semana tuvo su gracia y los personajes eran verdaderamente entrañables y simpáticos. No puedo recomendar nada parecido a esta en su temática, pero sí el serión que nos dejó el verano del 2017 llamado Made in Abyss. El 2018 no nos ha dejado un anime de aventuras y fantasía como este, así que id a por él si no lo habéis visto aún.

La de verano fue sin dudas la peor temporada de todas, y además repleta para mí de decepciones. Asobi Asobase prometía ser el retorno de la comedia en el año después de Pop Team Epic, pero no. La histórica Angolmois no parecía que fuese a ser nada espectacular, pero no tuvo al final nada que me hiciese continuarla. Hanebado! parecía ser de los animes más o menos destacables de la temporada, un spokon decentillo, pero acabó siendo algo francamente mediocre con no muy buenos personajes y un drama ridículo (una animación decente, eso sí). Con Planet With se levantó un ligero hype por el autor de su manga original y acabó siendo absolutamente nada. Finalmente, Banana Fish, que tuvo sus acérrimos, sufridores y apasionados seguidores, pero que a mí no me dijo suficiente como para continuarla. Especialmente el dibujo no me atraía demasiado para la temática y los aires que se daba la historia. Yo personalmente no la recomendaría, pero sí lo haría seguramente mucha otra gente, así que avisados estáis. En cambio sí recomendaría más animes como 19 Days (2016) o Gangsta (2015).

Acabando el repaso al verano, al menos Boku no hero Academia siguió manteniendo el nivel en su tercera temporada y Ataque a los titanes ahora sin titanes pasó airosamente con una tercera temporada…bueno, sin titanes, pero sí con un buen paquete de revelaciones, interesantes giros y en general un avance real de la trama (¡aleluya!).

Y acabamos el año con la reciente temporada de otoño, de la que debo avisar que no he visto Karakuri Circus, Hinomaru ni Merc Historia ni Yagate Kimi ni Naru. El resto de animes que pretendía ver sí lo hice (fuese hasta el final o no). Igualmente, juraría que acerté con los que decidí seguir: Zombieland Saga y Los Chicos que Corren (o Kaze ga Tsuyoku Fuiteru). Además de SSSS. Gridman y la cuarta parte de Jojo, que aún siendo la más floja el gran trabajo de adaptación de David Production la hace más digerible que su versión manga.

En otoño MAPPA continuó con animes de éxito con Zombieland Saga, toda una pequeña sorpresa que mezclando zombis y idols nos dejó con un decente anime muy “anime”. Fácilmente pueden destacarse sus momentos fuertes como la escena de rap, el mánager o el capítulo sobre Lily, a la vez que claramente se tornaba más floja cuanto más en serio abrazaba el género idol y se alejaba más de la comedia. El resultado final lo vi positivo y si se mantiene en la línea de esta primera temporada seguro veré la segunda que muy probablemente se dará. Por otro lado estuvo Kaze ga Tsuyoku Fuiteru o “Ay qué rico el viento cuando corro”. Me delata la edad (22, universitario) al inclinarme mucho más por animes como estos, y es que evidentemente con ese reparto de personajes resonará en mí mucho más fácilmente una historia y unos personajes como estos que el anime de instituto número 8955.  Más allá de eso, la química entre los personajes es buena al igual que su relación con el deporte, y el apartado visual es tan consistente como otros animes del estudio (Production I.G) como Haikyuu. Finalmente, Trigger se redimió del fiasco que fue FranXX con SSSS.Gridman, cuyos mayores logros fueron desatar un fetiche por los muslos femeninos, usar de forma acertada el cgi y plantear y terminar bien una historia correcta.

 

Conclusión

Como la mayoría de años, la industria del anime nos da un poco de todo con mayor o menor calidad, aunque si tuviera que dar una conclusión definitoria de este no saldría muy bien parado respecto a otros años. El 2017 nos dio Made in Abyss, Houseki no Kuni, Little Witch Academia, ACCA o Girls Last Tour y el 2016 Showa Genroku Rakugo Shinjuu, la primera temporada de Mob psycho 100 (¡atentos a la segunda de este invierno!) o Konosuba. Recopilando un poco lo más destacable del 2018 no creo que esté a la altura de los mencionados, pero ahí van los que creo que merecen ser recordados: Pop Team Epic, Devilman Crybaby, Yuru Camp, Koi wa Ameagari no You ni, Zombieland Saga y Kaze ga Tsuyoku Fuiteru. Esto ha sido todo respecto al 2018, esperemos que el 2019 venga cargado de mejores animes.

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Cuatro años viendo animes de temporada, parte 1

Agotamiento, eso es lo que siento con el seguimiento de los animes de temporada. Este próximo invierno hará 4 años que sigo el ciclo sin fin de los animes de temporada, recordando perfectamente cuál fue con el que di el pistoletazo de salida: Noragami (2014, primera temporada). La expresión no es gratuita, pues seguir animes de temporada a lo largo de los meses y años es en cierto modo una carrera de fondo. Una carrera de fondo que he alargado demasiado.

A este agotamiento en mi caso debo añadirle un enorme peso más, y es el de tener un blog en el que temporada tras temporada hacía un repaso a los estrenos (solo a partir de la primavera de 2015). Primeras impresiones, impresiones a mitad de temporada y, finalmente, las impresiones finales. Conforme avanzaba el tiempo y el cansancio dejé de hacer las impresiones de mitad de temporada, ya que la mayoría de animes que se estrenan tampoco merecen tanta atención y comentario detallado. Verdaderamente, con el tiempo traicioné el espíritu original con el que hacía este tipo de impresiones, ya que al inicio pretendía hacerlas de un modo más desenfadado, directo y pseudohumorístico con lo que decía para hacerlas más entretenidas (y ligeras de escribir, para que mentir). Simplemente, lo dejé de hacer, convirtiéndose en entradas mucho más pesadas de escribir.

El hecho de hacer las impresiones de temporada me ha llevado además a ser un poco más generoso con los estrenos a los que iba a darle al menos una oportunidad, pues siempre hay sorpresas entre las excesivamente cargadas temporadas. Es decir, que he ido soportando más estrenos nefastos de los que haría normalmente. Tiempo después de dejar de hacer las entradas de mitad de temporada acabé dando con otra solución para paliar el agotamiento de esta carrera de fondo: dejar de seguirlo todo semanalmente. Decidí ver semanalmente solo los animes que verdaderamente disfrutaba y notaba que la espera semanal se me hacía larga. ¡Ay qué buena la emoción de saber que queda poco para que salga el episodio!

Uno de los motivos por los que también dejé de seguir todos los animes de temporada que me llamaban mínimamente la atención fue porque a lo largo de la semana me acababan quitando mucho tiempo. De entre la ingente cantidad de estrenos la gran mayoría son series entre mediocres (para expresarlo numéricamente, de 5 y poco más), normales (sobre el 6) y a partir de ahí están las “excepciones”. Porque sí, lo bueno de verdad en los estrenos de temporada son excepciones. ¿Para qué perder el tiempo en animes insulsos y que apenas te aportan nada?

Muchas veces en las primeras impresiones y las otras entradas de repasos de temporada me he quejado de un aspecto en concreto de los animes vistos: que no tienen personalidad. Es algo que suelo repetir y para mí motivo más que suficiente para dejar de ver una serie. ¿Qué quiero decir con que un anime no tiene personalidad? Esa personalidad que reclamo en lo que veo es ese aspecto característico que hace brillar a la serie, ese “algo” que te hace seguirla con verdadero interés, y no por inercia, como pasa a veces con los animes de temporada. Esa “personalidad” puede recaer en apartados diferentes, ya sea el estilo del dibujo (ACCA, Jojo, los animes de Trigger, animes dirigidos por Masaaki Yuasa…), el diseño de personajes, la animación la banda sonora y, lo más obvio, el propio argumento o los personajes en sí mismos. Los más evidentes son los dos últimos, aunque si el resto de apartados son muy deficientes pueden suponer un peso demasiado grande para seguir el anime solo por su argumento o personajes. En imagen real una serie puede tener una historia interesante y buena, pero si los actores son nefastos uno puede plantearse dejar de verla.

¿Qué ocurre con la mayoría de estrenos de cada temporada? Normalmente estos solo suelen reunir un solo aspecto que puede hacerlos especiales, mientras que el resto son deficientes y hacen que la serie se quede entre mediocre y regular. Quiero pensar que a esta desgana por los estrenos de temporada también recae en que desde el 2014 he visto bastantes animes (algunos seguramente de lo mejor de su género) haciendo que cuasi la mayoría de estrenos nuevos que se le parezcan no me digan nada. Uno tiene ya algo de bagaje, y estos ojos ya no están para milongas. ¿Con qué ojos veo un nuevo anime de fantasía y aventuras después de haber visto Katanagatari o Slayers? ¿Con qué ojos veo un nuevo spokon después de haber visto Hajime no Ippo? Exacto, encontrando cosas como Ping pong The animation.

Por supuesto que no todo es malo en los animes de temporada, pero el problema está en que encontrar lo bueno y especial supone un gran esfuerzo y un extenuante proceso de rebuscar entre la mediocridad absoluta a lo largo de los meses e incluso años. ¿Ha salido algo a la altura de Haikyuu o Ping pong the animation (ambos del 2014) en el género desde sus respectivos estrenos originales? El spokon es seguramente uno de los géneros más afectados, aunque el romance tampoco se queda corto. La acción y la comedia en general quedan más bien paradas, pues al menos una vez al año sale algo verdaderamente bueno: Kill la Kill (2013-14) o One Punch man o Mob Psycho (2015 y 2016, respectivamente); o Gekkan Shoujo Nozaki-kun y Gugure! Kokkuri-san (2014), Prison school y Osomatsu-san (2015), Konosuba (2016). Pero claro, estamos hablando de uno o dos títulos entre decenas y decenas y decenas de estrenos a lo largo de las cuatro estaciones del año. ¿Cómo comparo el drama de Shouwa Genroku Rakugo Shinjuu con el melodrama adolescente barato de turno?

 

¿Qué quiero decir con todo esto? Después de 4 años de estar en esta afición no sigo en ella para ver mediocridades ni series que voy a olvidar entre capítulo y capítulo de su emisión misma. Quiero ver series que tengan gancho, que algún apartado suyo brille lo suficiente como para quedarse en mi memoria durante un buen tiempo. Ni si quiera hablo de clásicos modernos, de esos salen pocos y pueden pasar años para ello. Cosas como Ping pong The animation son únicas, por no decir que además este era la adaptación de un manga y no una producción original. Hablando de producciones originales, ¿ha habido alguna la altura de Kill la Kill desde el estreno de esta? Claro, Little Witch Academia, pero parece que no podemos salir de Trigger si queremos ver un anime que no sea una adaptación y además bueno. Aunque parece que ya ni en Trigger puede confiarse… Death Parade (2015) estuvo bastante bien, e incluso Punchline (2015), pero repito, unos pocos entre multitud de mediocridad.

Otro detalle que querría destacar es que después de todas las temporadas vistas desde el 2014 me di cuenta de una cosa: uno soporta mejor un anime mediocre conforme se está emitiendo que al verlo del tirón. En realidad es algo bastante evidente, y es que los defectos de una serie salen a relucir mucho más cuando ves 3 capítulos seguidos que en 15-20 minutos a la semana. Es por ello también que dejé de seguir todos los animes que pasaban de las primeras impresiones, a excepción de solo aquello que verdaderamente tuviese algo especial. A veces por mantener la esperanza del “ya mejorará” o por disfrutar simplemente de un par de personajes, uno acaba perdiendo innecesariamente el tiempo en animes que verdaderamente no valen la pena o la cantidad de tiempo que se les requiere para verlos completos.

Como primera conclusión después de todo lo mencionado decir que de momento no volveré a hacer entradas de impresiones de temporada. Seguir haciéndolo solo sería contraproducente para mi disfrute de esta afición. Además, este año estoy en mi último curso de la carrera, así que tampoco puedo dedicarle mucho tiempo al blog. Eso no significa que deje de escribir, y seguramente haga un repaso de los animes del año, pero desde luego no perderé el tiempo en 10 animes por estación ni malgastaré teclado en hablar sobre ellos. De todas maneras, y para no terminar con bajona, he dicho que no todo es malo en el seguimiento de los animes de temporada, pero para no alargar más la entrada prefiero dejar la parte optimista (entre otros temas) para una segunda parte y así no dar más la tabarra. ¡Hasta la siguiente!

Slice of life, amistad y aventura

Esta temporada de anime nos ha congratulado con dos series de géneros parecidos y temáticas semblantes, pero con sus sutiles diferencias que las hacen buenas a su manera: Yuru Camp y Sora yori mo Tooi Basho. Ambas las podemos encajar en el pseudogénero de “chicas monas hacen cosas”, pero mientras una lo hace en un slice of life sobre acampar, la otra se desarrolla en una aventura hacia la Antártida.

Una de las diferencias más claras entre ambas está en su género, ya que mientras Yuru Camp se acoge más claramente al slice of life (aunque con sus particularidades), Sora Yori encaja mucho mejor en la categoría de aventura. Generalizando, ambas historias podrían ser slice of life, pues nos narran las vidas de personas corrientes. Si bien no es necesario para una aventura que esta se dé en un lugar de fantasía, si nos ponemos a definir lo que es un slice of life (para diferenciarlo de la aventura) deberíamos acabar reduciéndolo a aquello que sucede estrictamente en la vida cotidiana. Y está claro que un viaje a la Antártida no es precisamente algo usual en la vida de unas adolescentes. Si bien la cotidianidad de Yuru Camp tiene también sus particularidades, tampoco somos quien para reprocharle a nadie que su mayor afición sea irse de acampada, lo cual es algo que está más al alcance de cualquiera y ciertamente se trata de una actividad más corriente que hacer una “excursión” a uno de los sitios más fríos del planeta.

Estas diferencias en el género es importante tenerlas en cuenta a la hora de fijarnos en la manera en la que desarrollan las relaciones de las protagonistas, que al fin y al cabo es uno de los elementos más relevantes de ambas series. Sora yori, al ser un aventura hace que sus relaciones se desarrollen de forma más apasionada e intensa, ya que lo hace con un argumento y contexto más emocionante y menos cotidiano que el de irse, por ejemplo, de acampada. Eso no significa que sea mejor que otra que lo haga de forma más pausada y con menos aspavientos ya que, por otro lado, el casi obligado final emotivo de cada episodio se vuelve algo cansino y facilón (por mencionar alguno de los defectos de Sora yori).

Aunque A place further than the Universe sea una aventura, esta guarda una interesante relación con el slice of life a nivel argumental y temático. ¿Para qué se suman Hinata, Kimari y Yuzuki a la aventura de Shirase? Al fin y al cabo, para rehuir de su cotidianidad, de su vida diaria. Cada una con sus motivos más personales, pero que no dejan de ser algo vinculado a su día a día. Amistad, relaciones familiares, querer hacer algo especial en su juventud… Shirase es diferente y su aspiración en este viaje es algo que va más allá, pero eso es así ya que es ella la que lo empieza todo y se necesitaba un motivo más sentido y profundo que el que tienen el resto de sus compañeras. En fin, la acción que vertebra Sora yori (viaje a la Antártida) es lo que la vuelve una aventura y que, además, hace que las relaciones entre las protagonista y los distintos sucesos que se derivan de ello sean algo más intenso.

Por otro lado tenemos Yuru Camp, que aunque uno de sus objetivos sea también el de desarrollar una amistad entre varios personajes, esto lo hace de un modo totalmente distinto a Sora yori. Dada su naturaleza más cotidiana se apuesta por un tono mucho más relajado, pausado y tranquilo, algo que su protagonista Rin aprecia especialmente. Y es que ella es el punto central de la historia, ya que parte de la gracia de este slice of life es ver cómo a través de su afición (que disfruta al principio en solitario) se irá abriendo y dejando poco a poco de lado su introversión para compartir su pasión. Esto se ha ido viendo lentamente y gracias al otro personaje principal: Nadeshiko, que es todo lo contrario a Rin pues es de lo más extrovertida, animada y expresiva.

En sus 12 episodios Yuru Camp ha cumplido uno de los objetivos principales que suelen tener los slice of life y que lo diferencia de una aventura como Sora yori: ofrecer un momento de paz y tranquilidad a través de la exposición de la vida cotidiana de sus personajes. Esto es lo que opone Yuru Camp y Sora Yori, y es que la primera es un “iyashikei”, término que define a esos animes que pretenden ofrecer un momento de escapismo de la vida diaria, pero a través de una ficción relajada y que transmite enorme paz. En este caso eso se ha hecho gracias a una maravillosa banda sonora, una protagonista que también disfruta de la tranquilidad, un apartado artístico precioso e impecable y con una contraparte más animada y dinámica que ofrecía el contrapunto humorístico y de dinamismo. De hecho, ese es otro de los puntos en común entre Yuru Camp y Sora yori: el arquetipo de sus personajes. Nadeshiko o Chiaki son la contraparte animada de Rin o Inuyama, del mismo modo que lo son Hinata o Kimari de Shirase y Yuzuki. Una mezcla usual en este tipo de series de “chicas monas hacen cosas”, como Yuu y Chi en Girls Last Tour, Hikari y Teko de Amanchu o yéndonos algo más hacia atrás con Konata y Kogami de Lucky Star. Las conocidas “tomboy girl” en oposición a las más sensatas, maduras o simplemente más calmadas.

No podía acabar la temporada de anime sin comentar el que ha sido para mí uno de los mejores estrenos: Yuru Camp. Como en todo, no es un tipo de serie para todo el mundo, y para los que no les guste rápidamente encontrarán en estos animes puro aburrimiento. Yo mismo también he llegado a aburrirme con series de este tipo, como Hakumei to Mikochi de esta misma temporada. Y es que no todas logran hacerlo tan bien como Yuru Camp. Pero sobre qué hace bueno (o no) un iyashikei es un tema del que ya hablaré otro día…

Empatía, autobiografía y Mi experiencia lesbiana con la soledad

Ficha técnicaMi experiencia lesbiana con la soledad

Título: Sabishisugite Lesbian Fuuzoku ni Ikimashita Report

Autora: Kabi Nagata

Género: slice of life

Año de publicación: 2018

Volúmenes: 1

Editorial: Fandogamia

 

Hace poco que salió a la venta en castellano una obra muy especial debido a su naturaleza autobiográfica: Sabishisugite Lesbian Fuuzoku ni Ikimashita Report (traducido como My lesbian experience with loneliness o Mi experiencia lesbiana con la soledad). No he querido hacer una reseña por ese motivo y por otro que también creo fundamental para apreciar del todo la obra. Como se dice hacia el final del tomo, Kabi Nagata publicó originalmente sus confesiones en forma de webcomic en el 2016 en la web para ilustradores y artistas amateur pixiv. Debido a la buena acogida que tuvo, llegó a dar el salto al formato físico en el 2017, no solo en japonés, sino que incluso al inglés de la mano de Seven Seas Entertainment. Y ahora, en el 2018, en castellano gracias a Fandogamia.

Sin entrar en demasiados detalles, Mi experiencia lesbiana con la soledad es una obra en la que la misma autora confiesa sus debilidades, vicios, defectos y el crecimiento personal que ha tenido desde el final del instituto hasta el tiempo presente de la publicación de la obra misma en pixiv. En cada una de las páginas la autora se abre completamente, y se expresa de forma muy directa y ciertamente con algunos detalles bastante personales. La obra cuenta los hechos de un extenso período de tiempo (años), de modo que tenemos que suponer que se han omitido muchas cosas, y que ha de haber una cierta ficcionalización para que se presente todo de un modo más coherente y agradable. Aún así, ese detalle no supone ninguna ruptura con el carácter autobiográfico de la historia.

Mi experiencia lesbiana con la soledad

Aunque es preferible catalogar la obra simplemente como un slice of life (por ser una autobiografía), si no lo fuese ponerle la etiqueta de drama sería lo más adecuado. Y es que lo que nos cuenta Nagata en sus confesiones son momentos y temas muy duros e íntimos para una persona, y en momentos muy críticos de la vida en general. Sexualidad, género, aspiraciones en la vida, la relación con sus padres y con su entorno, la relación consigo misma… Todo expresado de forma bastante básica y directa, cuasi como un diario y sin florituras. Todo ello es representado además con un dibujo que transmite de forma muy clara y gráfica las sensaciones de la protagonista, con un color rosa suave y un estilo de dibujo agradable a la vista (que maquilla algo la historia misma). En general, el arte ayuda a digerir bien el drama tan verdadero y crudo que se narra, volviéndolo otro de los puntos favorables de la obra.

Mi experiencia lesbiana con la soledad

 

¿Pero dónde reside el gran valor de Mi experiencia lesbiana con la soledad? En la inclusión de la propia obra en la historia. Como he dicho, Nagata no se expresa con grandes alardes literarios ni florituras, pues aparte del maquillaje ficcionador (del dibujo especialmente), ella nos cuenta tal cual sentía y vivía, lo que lo vuelve prácticamente en un diario. Pero no se queda ahí, esto no es un diario, no hay esa sensación de voyerismo de “ver lo que no debe ser visto”. La historia reconoce a las propias confesiones, acepta su naturaleza pública, reconoce a sus lectores y rompe con el secretismo que envuelven los diarios.

Por supuesto que Nagata no ha hecho nada nuevo, la literatura está llena de confesiones personales y obras que se incluyen dentro de sí mismas (siempre me gusta mencionar El Quijote como ejemplo). Pero en Mi experiencia lesbiana con la soledad se mezcla esa inclusión de la obra dentro de la historia y el género de las confesiones/ autobiografía, volviéndola una obra tremendamente íntima entre la autora y el lector y generando una conexión inevitable entre ambos.

Es curioso e interesante pensar cómo la primera versión de la obra (la de pixiv) no podía contar del todo con ese elemento que la hace tan buena, pero que con su evolución en el salto al formato físico lo volvieron algo muy especial. Hablo del quinto capítulo (“Después del día”), en el que aparte de expresar sus sensaciones posteriores al encuentro con la escort, introduce de forma directa la publicación de la obra en pixiv y las consecuencias de ello en su vida. Es entonces eso lo que establece completamente esa conexión total con el público. Con esto el lector se vuelve una parte más de la vida de la autora, forma parte de esas confesiones y de la obra que tiene entre manos. Y si eso no logra generar empatía, no sé qué puede hacerlo.

Aunque en este tomo la historia se queda ahí, el lector internacional ya ve que forma parte igualmente de esta autobiografía, de ese público receptor de algo tan personal y que supone algo tan valioso para su autora. Uno podría pensar que llegados a ese nivel de conexión entre autor y público este manga llega a funcionar como los blogs/ videoblogs personales, a través de los cuales el autor de estos expone su vida de forma pública. Y esto en cierta manera es así, pero en el caso de este manga funciona diferente. De entre los múltiples temas que trata Nagata a lo largo de la biografía, tenemos el de sus aspiraciones personales, y cómo eso se ha visto frustrado o tergiversado por diversos motivos como el de aspirar a ser la hija que quieren sus padres y no la mujer que ella misma desea. El caso es que la autora llega a cierta resolución y la vemos crecer y evolucionar hacia esta: quiere ser mangaka.

Lo que tenemos entre las manos mientras leemos es parte del resultado de ese crecimiento personal que la autora nos brinda con gran valentía. Como ya he dicho, esto no es un simple diario, supone además una meta alcanzada en la vida profesional de la autora, una realización como artista. De modo que no se queda en la simple exposición de su vida.

¿Y ahora qué?

Hitori Koukan Nikki

La historia no acaba con este primer tomo, evidentemente. Ya no solo porque la autora sigue viva, sino porque existe una segunda parte (cuya licencia en España ya está confirmada) Hitori Koukan Nikki (My Solo Exchange Diary en inglés).  En esta primera parte que es Mi experiencia lesbiana con la soledad la autora se ha introducido, y con gran esfuerzo ha presentado su desarrollo personal previo e inmediatamente posterior a la publicación de la obra que protagoniza esta entrada. Aún así, y como ella misma reconoce al final, aún le queda un largo camino por recorrer. Un camino que pasará por sus vivencias posteriores al punto crítico en su vida que ha sido su mayor éxito como artista. ¿Cómo habrá afectado esto en ella a la larga? ¿Cómo manejará Nagata la relación entre autobiografía, ficcionalización y conexión con los personajes/ personas reales que se plasmarán en su obra? Ahora el tiempo representado no será tan extenso, ¿se volverá más reflexiva aún? Tengo muchas ganas de descubrir cómo la autora sigue adelante (o no), y cómo alguien que ha pasado por momentos tan duros como los que se cuentan en este manga sigue contándolo con tanto gusto.

Pop Team Epic y el arte de la comedia absurda

En la entrada de esta semana toca hablar de uno de los estrenos más relevantes de la temporada de invierno: Poputepipikku. Pop Team Epic es una comedia basada en un manga del mismo nombre. Este empezó a publicarse en 2014 y es un 4-koma, es decir, que sus historias (en este caso de humor) se constituyen por 4 viñetas. En el anime hay muchas otras series que están basadas en este tipo de mangas, como Lucky Star o Azumanga Daioh. Pero, al contrario de estas, Pop Team Epic conserva bastante la estructura narrativa del material original, ya que no presenta esos gags hilados con una historia más completa, sino que se expresa directamente como una antología. Tampoco es el único en haber hecho esto, el año pasado ya tuvimos otros como Aho girl o Tsurezure Children. Pero está claro que Pop Team Epic ha hecho algo diferente para tener la popularidad que ha logrado. Para descubrir qué, vamos a analizar el tipo de comedia que maneja y cómo la maneja.

Uno de los tipos de gags más destacables son aquellos que se basan en la referencia a la cultura popular, a los videojuegos o el mundo otaku, ya sea los guiños a videojuegos como el de Pokémon en el séptimo episodio, o el de Your Name o Mi vecino Totoro en el primero. Estos gags podemos reunirlos con los gags de la vida cotidiana, como el del futón que atrapa a Popuko para que siga durmiendo (cambiemos futón por sábanas y ya lo tenemos hecho). Podemos reunirlos en el sentido de ser los más facilones y con los que la serie conecta de forma más rápida con mucho público: “jaja, he cogido la referencia” o “jaja, a mí también es como si me ocurriese eso”. O te sientes identificado o te sientes especial por entender un guiño y ver eso en personajes diferentes.

Esos son los más notables y mayores responsables de haber hecho popular la serie,  pero esta no se queda ahí. Después tenemos aquellos que se basan más en la pura comedia absurda (también pueden hacerlo esos otros). De entre estos algunos lo hacen contando una historia usualmente protagonizada por versiones de Pipimi y Popuko, o la grotesca Bob Epic Team. Muchas veces recurren a un estilo de comedia muy apropiado y pertinente al 4-koma, que es el de hacer un giro absurdo. Es decir, primero se hace un planteamiento evidente, ante esta premisa el espectador se imagina un desarrollo o conclusión lógica, y después resulta dar un giro violento e inesperado que provoca sorpresa y gracia. Ejemplo:

Pop Team Epic
Premisa: Popuko toca una especie de xilófono, sin más. La tercera viñeta produce una cierta confusión, no sabemos hacia dónde va y rompe progresivamente con la premisa. Finalmente, la cuarta nos lleva a una conclusión sin sentido y totalmente inesperada.

Todos estos gags forman con cada capítulo un conjunto  que pueden o no hacer gracia y por ello suelen ser cortos, por sí uno no la hace que la espera para el siguiente no sea pesada. En general la serie suele ser estúpida y absurda, muchas veces lejos de un humor inteligente o incluso con gusto, haciendo peligrar que esta no funcione (incluso con el colchón de la comedia facilona que he mencionado). El secreto de la buena comedia absurda es saber integrar su estupidez e irrealidad en un contexto lógico e hilar bien todo su humor, aparentemente sin lógica alguna. Irónicamente, y por contradictorio que parezca, cuanto más lógica es la comedia absurda mejor funciona, porque si no es un torrente de bromas sin ton ni son. ¿Por qué funciona –por ejemplo- tan brillantemente Bobobobobobobo? Porque la serie plantea un mundo de por sí sin sentido, con un argumento igualmente estúpido y, que si aceptas desde buen principio como válido para seguir viendo, ya has entrado en un cierto juego que los personajes irán moviendo. Entonces, ¿qué es lo que hace consistente a Pop Team Epic? Pues lo único que suelen compartir todos los gags: Popuko y Pipimi.

El opening lo muestra claramente, Popuko y Pipimi funcionan como dos actrices que van tomando diferentes papeles a lo largo de buena parte de los gags presentados. El diseño de ambas es también parte del éxito, pues se presentan como el clásico dúo cómico del gordo y el flaco, el alto y el bajito, pero materializado en dos colegialas gamberras que te hacen cortes de mangas. Simples, fáciles de reconocer y atractivas a la vista. Todo ello hace que sea cual sea el papel que interpreten, y por horrenda que sea la forma que tomen (Bob Epic Team), verás siempre a la bajita con coletas y a la alta con una larga cabellera lisa. Aunque en parte eso funciona para hilar los gags, he de reconocer que es un hilo bastante débil, y que en ese sentido Pop Team Epic lleva peor su coherencia comparándola con otras series de humor más tirando a absurdo.

Otro de los puntos del éxito de Pop Team Epic está en su variedad de estilos. Desde los gags con videojuegos 8bits, los que siguen el estilo de dibujo del manga, el Bob Epic Team (que son igualmente adaptaciones del manga), los de cocina… Todos ellos hacen que cada episodio se vuelva muy variopinto y que nos llame la atención por el simple hecho de ir cambiando de gag a gag su estilo de dibujo y, consecuentemente, de efecto humorístico. Pero hay dos en concreto que quiero pararme a comentar, siendo el primero uno de mis favoritos: Japon Mignon.

Conocer la historia detrás de Japon Mignon lo hacen más divertido aún. Resulta que el muchacho francés (Thibault Tresca) que aparece introduciendo la sección es el creador en sí del gag, guión y animación. Trabaja en el estudio Kamikaze Douga y no sabe japonés, comunicándose entonces en inglés. Al estudio le pareció gracioso que se encargase de hacer un sketch en base al manga (que no entendería), y así acabó haciendo lo que le viene en gana convirtiendo a Popuko y Pipimi en turistas en Francia en gags sobre franceses. Si esto de por sí ya es brillante, el uso que se hace de esta sección en la doble emisión ya lo remata. En la primera emisión Japon Mignon está sin subtítulos, dejando al espectador en el mismo lugar que Thibault delante del manga: sin entender nada. Entonces, en la segunda parte –ahora ya con subtítulos- podemos al menos saber qué se está diciendo en francés, aunque acabando la mayoría de veces sin entenderlo tampoco ya que son bromas particulares del país. Y aún así, me sigue pareciendo una de las mejores ideas que han salido de esta comedia. Thibault tiene un canal de youtube en el que se pueden ver varias animaciones suyas.

El otro gag digno de mención es el de Bob Epic Team. El modo de actuar de las protagonistas (especialmente Popuko) ya de por sí subvierte la imagen de la angelical y adorable colegiala japonesa, pero estos gags van más allá con su estilo de dibujo sumamente feísta y horrendo. Personalmente, me parece incluso ofensivo en algunos momentos y no puedo sacarme de la cabeza esas bocas.  Como ya habréis notado a estas alturas de la serie, este gag es el único que ha mantenido sus voces cuando se ha dado, y es que están hechas por los propios animadores (Shunsuke Itakura y Tooru Adachi), que se pueden ver en el que me ha parecido hasta ahora uno de los mejores sketches de la serie: Hellshake Yano.

No puedo acabar la entrada sin mencionar una de las mayores genialidades de la serie: la doble emisión. La respuesta al porqué se hizo eso podéis leerla en esta fantástica entrevista al productor (traducción del japonés al inglés). Más allá de los motivos primeros por los que se ideó eso, no solo es original y tremendamente arriesgado, sino que (aparte molesto y trabajoso para los creadores de la serie) funciona maravillosamente. El hecho de que cada emisión cuente con unas voces femeninas y unas masculinas supone dos grandes aciertos: primero, añaden un papel más a Popuko y Pipimi en esa dinámica de actrices que interpretan papeles; y segundo, usualmente dan nuevas perspectivas a cada gag, aún siendo prácticamente el mismo en sus dos versiones.

Esto ha sido todo, espero que estéis disfrutando de esta genial comedia como yo lo hago cada semana y que esta entrada os haya ayudado a apreciarla un poco más. Si el anime tenía que ser salvado, parece que solo necesitaba un par de colegialas haciendo un buen corte de mangas censurado.

Junji Ito y el éxito del terror

Esta entrada tiene como objetivo analizar el éxito del terror de Junji Ito, mangaka considerado como uno de los mayores exponentes del manga de este género. Aunque tengo varias obras del autor pendientes de leer, he podido hacerla sustentándome en el documental de Naoki Urasawa sobre manga (Naoki Urasawa no Manben), en el que conversa con autores del gremio en sus múltiples episodios. En este va hablando con los autores acerca de su trabajo, y mientras van viendo una grabación del invitado mientras dibuja van analizando y conversando acerca del proceso de creación del manga.

No voy a centrarme en cómo Ito presenta, desarrolla y da final a sus historias, ni analizaré ninguna de sus obras en concreto. Tengo presentes las pocas que he leído, pero me centraré en aquello que considero fundamental para construir una buena ficción de terror: la ambientación, el diseño… que, en última instancia, se traducen al dibujo y estilo del mangaka. Además, es aquello de lo que hablan los autores en el documental, de modo que es claro qué es lo que interesa en este caso a ambos autores: no su faceta como escritores, sino como dibujantes.

 

Terror y sensualidad

Uno de los primeros puntos discutidos en el documental y que Urasawa destaca de la obra de Junji Ito es el frecuente protagonismo femenino en sus historias. Y no solo eso, sino en concreto la belleza y sensualidad de que las dota y con las que las plasma. No se tratan de personajes sexualizados u objetificados para la venta pura y dura, sino de mujeres con una sensualidad especial, digna y misteriosa. Él apunta que esta sensualidad con la que las impregna se expresa a través de las pestañas –que son dibujadas de forma densa- y en los ojos, cuyo brillo es rodeado por un tono totalmente oscuro que conforme va hacia abajo del ojo se esclarece. Delicado y sutil, Junji Ito sabe cómo crear personajes femeninos atrayentes a la vista sin la necesidad de exponerlas como carnaza y objetificarlas. No objetificarlas para el espectador, pero sí para los horrores que las rodearán y a los que se verán sometidas y arrastradas.

 

Según Ito, en los mangas de terror son necesarias las protagonistas guapas, atractivas… Y es que el gusto de verlas compensa y contrasta con el horror y lo grotesco de las historias en las que se ven envueltas estas protagonistas. No solo son así para compensarlo, sino que además es una rápida manera de hacer que empaticemos con ellas y que con un simple vistazo ya nos gusten. Sabemos que no acabarán bien, al menos aquellas que son presentadas como futura víctima, pero su digna y misteriosa belleza nos atrae al instante y nos hace desear que no les ocurra nada.

 

Terror y realismo

Uno de los mayores aciertos del autor a la hora de cultivar el género terror es el estilo mismo de su dibujo. Las personas son representadas de forma bastante realista, y aunque podemos advertir un cierto estilo algo reconocible, las caras y las figuras se ven totalmente naturales. Debido a lo grotesco y violentamente explícito de la mayoría de sus historias, en el documental se ve como Ito usa referencias de libros de medicina o incluso un espejo para verse a sí mismo, de modo que logra que estas sean de lo más realistas, naturales y de lo más viscerales. En resumen, su terror y violencia se sienten terroríficamente cercanos y reales.

 

El propio autor en el documental expone otro de los puntos fuertes de su estilo de dibujo, y es que el realismo en el que este se expresa ayuda a hacer que sus alocadas historias sean más creíbles. Aunque estas sean complicadas de sustentar en una argumentación razonable que pueda exponerse y justificarse verbalmente, sí lo pueden hacer siendo plasmadas de la forma más realista posible y visualmente creíble. Si no puedes engañar con palabras, hazlo con la fuerza de los dibujos, o con otras palabras de Junji Ito: “Si al menos no dibujo los detalles de forma realista, entonces se acaba convirtiendo en una historia ridícula”. Verdaderamente, sus historias necesitan de un dibujo que las hagan creíbles.

En el documental/ diálogo entre los mangakas Urasawa resalta la lentitud del trazo y dibujo de Ito, oponiéndolo a la rapidez de los otros artistas que han pasado por el programa. En ese momento podemos centrarnos en la atención al detalle de Ito en cada sombra, cada arruga y cada trazo de terror imbuido en cada gota, pedazo de carne, decrepitud y elemento grotesco que pueda imaginar el autor. Independientemente de lo surrealista y sobrenatural que el autor plasme en el papel, este logra hacerlo con una exactitud que lo hace creíble y le da vida. Y gran parte del éxito de su obra reside en esto. Sorprende aún más esta actitud si tenemos en cuenta que Junji Ito trabaja mayoritariamente solo, aunque también hay que tener en cuenta que sus tiempos de entregas seguramente serán muy distintos a los de cualquier otro mangaka que trabaje en otros géneros más comerciales, y no en el terror.

 

En un cierto momento se destaca como Ito es incapaz de dejar un espacio en blanco, hablando entonces él mismo de una especie de “fobia al espacio en blanco”. En obras tempranas como Tomie lo que podrían ser estos espacios en blanco serían substituidos por simples fondos negros. Posteriormente, y con la mejora del dibujo del autor, estos se tornarían en paneles inundados por una cantidad de detalles ingentes, en un detallismo barroco ofuscante. ¿A qué se traduce esto en una obra de terror? Tanto los fondos negros como los mejorados paneles llenos detalle y con ínfimos espacios blancos no dejan descansar al ojo. Mientras vamos leyendo la historia y fijándonos en el dibujo que nos la narra también, nos enfrentamos a páginas repletas de detalles, líneas y un sinfín de formas en las que fijarnos. Mientras leemos el ojo no puede parar tranquilo en el horror vacui de Ito, y aunque un fondo negro pueda parecer una zona de descanso visual, no lo es en una historia de terror, pues sabemos que detrás de esta oscuridad puede esconderse algo terrorífico. El enorme detalle constante hace trabajar al ojo en un análisis continuo de aquello que se ve obligado a mirar, volviendo así la experiencia más agobiante. Otro autor sin la atención al detalle y el talento de Ito nos lanzaría a un mar de confusión de líneas indiscernibles, pero gracias a la calidad del dibujo podemos comprender lo que vemos, huyendo así de una confusión que solo haría que desmejorar la experiencia y sacarnos de ese agobio y terror al que nos invita el autor a “disfrutar”.

El episodio en el que Urasawa (Monster, 20th Century Boys, Yawara!…) conversa con Junji Ito (Uzumaki, GYO, Black Paradox…) es el segundo de la cuarta temporada de Naoki Urasawa no Manben, y está totalmente recomendado si queréis además ver a ambos artistas conversar tranquilamente sobre el manga, como comparten sus instrumentos de trabajo y las ideas diferentes respecto a sus modos de dibujar. Poder disfrutar de esta clase de material es una delicia para aquellos interesados en la visión artística y más académica del manga. Poder ver directamente a los autores conversar sobre su estilo, como lo plasman en el trazo, la visión que tienen de su arte y como ambos comparten sus ideas es algo fundamental, o al menos muy importante, para poder producir cualquier tipo de texto teórico acerca del manga. Dicho esto, espero que os haya gustado la entrada y que os haya parecido interesante.

 

El “anime” no lo creó Japón

A raíz del anuncio del famoso youtuber El Rubius de que su cómic iba a inspirar una serie de animación -categorizada por él mismo como “anime”- la eterna discusión sobre “lo que es anime y lo que no lo es” ha resucitado. Sinceramente, poco puedo añadir a la discusión que no se haya dicho ya. Gran parte de lo que voy a decir es repetir lo que otros ya han expuesto en vídeos, blogs, redes sociales… pero ya que tengo mi espacio especial para arrojar mi verborrea sobre animación y cómics, me veo obligado a aprovecharlo para defender la que creo que es la postura correcta respecto al tema y a poder ser arrojar algo más de luz a lo que considero un malentendido histórico y cultural.

Nombres, nombres, nombres… ¡cuánto nos gusta sentirnos especiales! La concepción del término “anime” más extendida, incluso entre gente que disfruta asiduamente de animación, fue inventada por otakus no japoneses. La palabra japonesa para designar a los dibujos animados, la animación… es “anime”, término usado evidentemente en esas mismas series o películas. Cuando las series de animación japonesa se popularizaron en el extranjero estas lo hicieron porque en un inicio se produjo un choque cultural entre los productos animados occidentales y aquellos dibujitos chinos que venían de Japón. El público que quería seguir disfrutando de la animación encontró en esas series de ese lejano país algo nuevo, pero como no podía llamarlo del mismo modo que los cartoon, dibujos animados, dibujos… se apropió del término nipón “anime”.

Cuando las series animadas japonesas eran claramente diferentes al producto que el mercado de animación occidental ofrecía, tenía sentido que fuesen categorizadas con el concepto occidentalizado de “anime”, pero actualmente ese término, con ese sentido, ya no es válido. Ese concepto se sostenía por unos pilares muy básicos que hoy en día están por los suelos gracias a nuestra amiga la globalización y al paso del tiempo:

 

El dibujo/ animación. Los animes de los 80 y 90 afianzaron en el imaginario popular occidental un estilo de dibujo muy concreto que se relacionaría con los dibujos animados japoneses. Grandes ojos o cabelleras de extrañas formas y colores serían algunos de los estigmas que marcarían al anime y que actualmente se siguen manteniendo, pero si uno compara el dibujo de Utena, Dragon ball, Death note o The Tatami galaxy, verá que el anime es un arte, como muchos otros, con una enorme variedad de estilos de dibujo y que encasillar a este por uno en concreto no tiene ni pies ni cabeza. Del mismo modo que no decimos que las obras de Naoki Urasawa (Monster, 20th Century boys) o Takehiko Inoue (Slam Dunk, Vagabond) no son “manga” por no seguir un estilo parecido al de muchos otros cómics japoneses.

País de origen (producción, dibujantes y animadores…). Si bien durante la entrada vengo hablando de “dibujos animados japoneses”, debo expresarme en estos términos como convencionalismo y para que nos entendamos entre todos, pero conforme ha pasado el tiempo y la historia de la animación el origen del producto ha ido perdiendo significado y relevancia para categorizar algo como “anime” o no.

 

Esto puede justificarse con el extendido fenómeno de las coproducciones, de lo cual hay múltiples ejemplos: la series de “Erase una vez…” (1987) son coproducciones francesas y japonesas (y de entre muchos otros países), al igual que otras como Ulises 31 (1981). O entre Italia y Japón, que surgirían series como Montana Jones (1994-95), La Leyenda del Zorro (1996-97) o Meitantei Holmes (1984-85), esta última inspirada en las historias de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle como versión perruna que contaría con la dirección de Hayao Miyazaki en algunos episodios.

Ya que he mencionado Meitantei Holmes, cabe destacar que los años 70 fueron una década repleta de versiones animadas japonesas de novelas occidentales: Heidi (1974), Marco (1976), Akage no Anne (1979), El perro de Flandes (1975) o Las aventuras de la abeja Maya (1975-76) son originalmente una novela suiza, italiana, canadiense, inglesa y alemana respectivamente. Para definir algo como anime o no, ¿no deberíamos tener en cuenta también la obra original en la que se basan estos “animes”?

Acabando un poco el tema de la nacionalidad, ¿acaso en el siglo XXI nos preocuparemos del lugar de nacimiento o el idioma que hablan aquellas personas que han dibujado y animado estas series y películas? ¿Qué hacemos con los estudios coreanos que participan en los animes? ¿Y los artistas no japoneses que también están metidos en la industria? ¿Sus escenas, fondos o frames no son “anime”? ¿Olvidaremos que una de las inspiraciones de Ozamu Tezuka fueron las animaciones de Disney, o que la cultura popular occidental ha sido una influencia constante para la industria del anime?

Estilo/ narrativa/ temáticas… Claramente, el punto más peliagudo y complejo de abordar. Una vez dilucidados los temas del estilo de dibujo y el origen de la obra, toca explicar ese otro elemento que sería fundamental en el choque cultural entre animación japonesa y animación occidental: el “cómo” y “sobre qué temas” cuenta el anime sus historias.

Para poder abarcar este apartado de una forma completa y óptima debería exponer, analizar y comparar múltiples elementos de la animación occidental (mayoritariamente estadounidense) y japonesa: origen, historia y evolución, difusión y aceptación social e influencias. En este aspecto sí es importante tener en cuenta de dónde viene y quien ha hecho la obra, pues las diferencias culturales (ya sea en el autor o el público al que está dirigido en sus inicios) lo cambian todo. Para mí desgracia no tengo aún el conocimiento necesario, sobre todo respecto a la banda occidental, y probablemente no el suficiente para la banda japonesa para poder continuar la entrada por esos derroteros. No solo eso, sino que sería un trabajo tan extenso que lo haría algo pertinente para un TFG y no una corta entrada para un blog.

Para poder rematar de alguna manera la entrada con este apartado, sí puedo seguir la argumentación con la mención a algunas series, aunque tampoco es la forma que prefiero y más me satisface. Cuando los autores de Avatar: The Last Airbender (Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko, 2005-2008), Neo Yokio (Ezra Koenig, 2017), Totally Spies! (Vincent Chalvon-Demersay y David Michel, 2001-2014) o Gisaku (Baltasar Pedrosa Clavero, 2005) quisieron hacer estas obras, tenían una concepción muy clara sobre lo que era “anime” y aquello que parecía constituirlo. Les gustaba, y querían hacer algo parecido. ¿Cuál es el problema entonces? Que no es eminentemente japonés. Se inspira e intenta reproducir aquellos elementos que veían como definitorio del “anime”, pero al fin y al cabo la mente que las ideó no pensaba en japonés, o las manos que dibujaban y animaban estas series no cogían después palillos para comer.

 

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Llegados al 2017, categorizar algo como anime según su estilo, origen, dibujo o temática ya no es válido pues, como todas las artes, evolucionan con el tiempo y tienen la capacidad de expresarse de tantas formas que es imposible establecer un denominador común más allá de decir que es animación. Sería como decir que solo son arte aquellas obras producidas durante el Renacimiento y no las hechas en el siglo XIX o las artes vanguardistas. Con el tiempo los artistas japoneses se influenciaron de los occidentales y estos de los japoneses, resultando en un panorama de animación globalizado en el que los elementos culturales se entremezclan y pierden su identidad y exclusividad geográfica.

En conclusión, el significado que los otakus no japoneses le dieron al término “anime” era adecuado para su momento histórico, pero actualmente es una fase superada y el panorama de la animación ha cambiado demasiado como para seguir manteniéndolo de ese modo. El término ahora abarca un abanico mucho más amplio de productos animados. Con esto queda abierta una importante cuestión que dejaré en el aire y me encantará tratar en un futuro: ¿a partir de qué momento podemos hablar de un anime global?

Espero que esta entrada haya servido para aclarar algunas cuestiones o, al menos, despertar muchas otras. Es un tema del que se puede escribir y discutir mucho más, y probablemente mejor, pero al ver que el tema había resurgido había visto la oportunidad perfecta para exponer la postura que me he ido formando con el tiempo desde que se me planteó por primera vez. Dicho esto, estáis invitados a comentar lo que pensáis sobre el tema, si hay algún punto en el que voy equivocado o no he explicado bien.